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San no llames, no estoy

Voy a fabricarme el día de San no llames, no estoy y a rezar para que no se acabe el ron.(Tako)
Sin remedio
Todos los años se repite, seas del curso que seas y estudies la carrera que estudies, seguro que en exámenes te da por hacer algo raro. En realidad no tiene por qué ser raro, sólo algo que no pensabes que harías nunca.
Este fenómeno no se da sólo durante los exámenes sino que ya se nota en el ambiente una semana antes de que empiecen. No paseas por la calle como siempre, en realidad vas mirando los anuncios de cursos de chino a domicilio o los de exposiciones de arte con los pies; también empiezas a bajarte los DVD de Batuka para hacer algo de ejercicio. Y es que en exámenes, aunque hay mucho que estudiar también hay much aburrimiento entre tema y tema del libro.
Cuando le cuentas a alguien que no es universitario este fenómeno te mira con cara de casi asco mientras piensa: "No busques una exusa, lo que pasa es que has estado perdiendo el tiempo en vez de estudiar". Pero es inevitable, de verdad.
El caso es que yo este año me aficioné a una telenovela. Nunca pensé que me iba a pasar, había evitado la moda de los Gavilanes y a otras muchas como Betty la Fea, pero esta no puede esquivarla. Era muy mala, lo reconozco, pero aunque no tenía nada de guión y la historia era tonta, ahí estaba todas las tardes, con una bolsa de patatas fritas y una Coca-cola, esperando con ansia a que sonara la sintonía de mi serie, porque sí, ya era mi serie.
Unos días más tarde, mis compañeras de piso ya habían caído en las redes de esta seri infernal y hablábamos de sus personajes como si fueran amigos de toda la vida, como si nosotras mismas compartiéramos su historia. En la serie cantaban y nosotras teníamos sus discos con canciones como "para las cosas buenas" o "Bandera blanca al corazón" y además nos sabíamos las letras. La cosa fue a más (sí, aún podía ir a más) y empezamos a mirar en internet cosas sobre la serie. Sólo el descubridor del núcleo de la célula podrá entender la alegría que sentimos al enterarnos de que había una película de nuestra telenovela. ¡Qué risas, qué tensión y qué lloros al verla!, resulta que tenía argumento y era un drama de los que te hacen sufrir por las pobres vidas de los personajes.
Pensaba, con esperanza, que al terminar el periodo de exámenes, entre las clases y las prácticas volvería a la normalidad, que olvidaría a Marizza y a Pablo y su relación de amor-odio, pero no puedo, estoy enganchada y no hay nadie que me pueda ayudar, porque aunque la serie sea mala, aunque los personajes canten y aunque el guión sea inexistente, ya no hay remedio, me gusta.
¡Salta!

Ya no vale con tener que estudiar, ahora también tengo que pensar en qué va a ser de mi vida el año que viene. Luego se extrañan de que mis notas no sean buenas pero, ¿qué le voy a hacer si no me dejan concentrarme en lo mío?
Desde hace un año, tres chicas y yo compartimos piso en Pamplona, la cosa no va nada mal. Nos aguantamos a pesar de todas nuestras diferencias y más o menos conseguimos mantener el piso en condiciones, pero ahora una se nos va. Después de navidades llegó a casa y en vez de contarnos cuáles habían sido sus regalos nos dio la gran noticia: quería vivir en otro lugar, sin nosotras.
La cuestión es que nos quedamos tres en un piso de cuatro y aquí es donde vienen las dudas, ¿qué hacemos?, nos vamos a otro piso, buscamos a alguien… ¿qué? Después de casi dos años viviendo juntas ya nos conocemos, sabemos nuestras debilidades y por eso funcionamos como compañeras pero, sinceramente, nadie nos va a poder aguantar durante un año seguido.
Aunque estudiamos Comunicación, nunca habían entrado tantos periódicos en casa, y es que la sección de clasificados se está convirtiendo en nuestra favorita. Piso de tres habitaciones, amueblado y con alquiler bajo, esas son nuestras condiciones, pero siempre nos falla una: el alquiler. ¿Por qué son todos tan caros? Casi nos resulta más barato quedarnos con el que tenemos con una habitación de sobra, pero eso no nos gusta, nos duele pensar que ya no está con nosotras y preferimos que su recuerdo no venga respaldado por una habitación vacía.
Otra de nuestras ideas es alquilarle una habitación a un estudiante de Erasmus que pase de nosotras y no le importe cómo somos ni lo sucio que está el piso. China, japonesa o tal vez inglesa, nos da igual porque en el fondo sólo la queremos para estafarla, para cobrarle más alto el alquiler y así poner menos dinero en el bote mensual.
Lo mejor de todo es que aún no podemos estar seguras de qué hacer, no podemos llamar a los pisos del periódico ni apuntarnos para que venga una nueva chica porque nuestra compañera aún no se ha decidido. “Sólo me voy si encuentro un piso barato”, ¿y eso cuándo va a ser?, antes de junio, espero.
No hemos discutido, el ambiente es bueno en el piso, eso sí, cuando hablamos de nuestro futuro procuramos que ella no esté delante. Ella nos abandona y nosotras nos sentimos culpables por buscar una nueva casa, como si fuera nuestra la culpa. No estamos enfadadas, en el fondo la entendemos porque como ella dice sólo quiere “dar un paso más”, pues adelante, ¡salta!
Casajuana ha muerto
Sin comentarios, los dejo para quien lea¡FELICIDADES!

Hoy es el cumple de mi sirenica, de mi compañera hasta el fin de los días (por lo visto, jejeje)
Que no me entere yo de que no le felicitais hoy.
Muchos besicos guapa, que cumplas muchos más y que la ancianidad en la que estás entrando no te cambien mucho.
Litros de alcohol
“¿Los sevillanos van a salir en la tele y nosotros no?”. Esa chulería castiza del buen español que se precie es la que llevó a miles de jóvenes de este país a intentar superar el macrobotellón sevillano de hace unas semanas. Los informativos hicieron un gran trabajo haciendo que toda España se enterara, más de 5.000 jóvenes se habían reunido en Sevilla para emborracharse tras recibir un mensaje que les convocaba en un lugar y a una hora. El resto de jóvenes españoles, indignados, decidieron hacer lo mismo: no es tolerable que unos sevillanos puedan con los zaragozanos, bilbaínos, madrileños, gallegos…, los bebedores de cualquier parte de España, porque todos vamos de independentistas y estatutarios pero a la hora de chulearnos todos lo hacemos igual.
Los correos electrónicos no pararon de viajar de punta a punta del país con mensajes tan amenazantes como: “si rompes la cadena te morirás de cáncer y olvídate de ligar para el resto de tu vida”. Así que, para evitar que se cumplieran las amenazas, este viernes todas las ciudades estaban preparadas para batir el record sevillano. El problema fue que el mensaje también llegó a quien no debía, todas las zonas donde estaban concertados los botellones se encontraban valladas y bien vigiladas por la policía municipal. La marabunta de jóvenes tuvo que huir con sus vasos y botellas bajo el brazo, lo que hizo que el botellón se dispersara y el record quedara todavía en manos andaluzas.
En Pamplona a penas se sufrió la “quedada” alcohólica ya que esa noche llovió tanto que parecía que la ciudad iba a desaparecer bajo las aguas. De todas maneras, el Ayuntamiento de Pamplona, por si la lluvia no conseguía desanimar a los jóvenes, decidió vallar el parque Yamaguchi, lugar donde estaba concertado el botellón. La pobre policía pasó horas bajo la lluvia, cuidando las vallas como si fuesen la frontera de un país, esperando a la plaga que no llegó. Sólo apareció por el lugar un joven con una botella de ginebra sin saber que se iba a convertir en la persona más famosa de Pamplona, la que iba a salir en todos los periódicos navarros, el único que no se enteró de que el botellón se había cancelado.
Los políticos españoles están muy asustados con estos macrobotellones, tan de moda últimamente, y no encuentran otra solución que hacer que autoridades sanitarias salgan por televisión enumerando los consabidos males del alcohol, pensando que así concienciarán a los jóvenes. Pero, ¿creen de verdad que lo van a conseguir?, si ellos quieren beber, beberán, así sea en la casa del alcalde. Pueden prohibirlo y vigilar los lugares más frecuentados por los jóvenes, pueden hacer lo que quieran, pero la competición está ahí, liderada por Granada, y aunque este viernes no fue posible, pronto lo será. Todos quieren ser los ganadores de este ránking alcohólico.
Ya es oficial, tenemos piso

Nos encantará recibir vuestra visita y si traéis un regalillo para el nuevo piso no nos parecerá nada mal, jeje
Oh happy day
Lo mejor de estas reuniones es que nadie quiere hacerlas pero, inexplicablemente, se organizan una o más veces al año. Hay una teoría que apunta a que se originan porque siempre hay algún familiar que un día se siente nostálgico y llama a la abuela o abuelo para decirle lo mucho que le gustaría ver a su familia. A partir de ahí ya es todo muy fácil, no hay más que hacer, porque el anciano de turno se encarga de convencer al resto de los componentes de la familia de que es un día especial en el que hay que hacer el esfuerzo por tal primo que tiene ganas de ver a los demás, y así. Al final acaban todos con una marca odiosa en la agenda en la que dice: “El domingo día X, comida familiar”.
El día de la comida todos procuran estar lo mejor posible y se ponen sus mejores galas para que la nuera esa se muera de envidia; algo que también se suele hacer es repetirle al niño pequeño lo que tiene que decir: “Si te preguntan por tus notas, di que vas MUY bien”.
Hay dos tipos de comidas familiares: las que se hacen en la casa de algún familiar, y las que se hacen en un restaurante. Son muy diferentes entre ellas, porque en la primera, al estar en casa, no sólo se puede gritar, sino que también puede correr la sangre. Son las más divertidas porque hay confianza, se dicen las cosas a la cara y sin tapujos, lo que hace que el baño esté siempre ocupado con alguna prima que llora porque le han llamado gorda. En los restaurantes se nota la tensión en el ambiente y las ganas que tienen de tirarse los platos, pero hay que guardarse las ganas para no tener que pagar la vajilla, así que cada uno explota de rabia en su respectiva casa y se pierde la gracia del momento.
La culpa de todo esto la tienen los americanos. En sus series siempre hay un capítulo dedicado al Día de Acción de Gracias en el que todos se enfadan y pelean, pero como al final todos se reconcilian y se produce una escena muy bonita de todos unidos cantando el Oh happy day en el salón, nos creemos que nuestra familia va a ser igual, sin contar con que nadie de tu familia se sabe la letra de esa canción y claro, al año que viene cuando nos llama la abuela siempre le decimos que sí, que por supuesto que vamos, ¿por qué no íbamos a hacerlo?

