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Urgencias

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La gente en urgencias tiene pinta de todo…menos de saludable. Ahí te puedes encontrar desde una señora con dolor de tripa a un señor con un cuchillo clavado en el ojo. Eso sí, todos con cara de sueño y respetando el silencio del hospital.

¿Por qué hay que estar callados en las salas de espera? Es algo que no puedo entender porque estoy segura de que en esa habitación todos están deseando contar sus penas.

-         Pues a mí me duele un costado, me da que va a ser apendicitis.

-         Calla, calla, que yo sí que estoy mal, no para de sangrarme la nariz.

-         A mi hijo eso también le pasa pero además se ha roto un dedo.

-         Yo llevo un cuchillo clavado en el ojo…

¡Lo que se podría fardar ahí! Seguro que irían un montón de ancianos para competir a ver quién llevaba más pastillas en el pastillero.

Yo el otro día fui a urgencias porque me di un golpe en el ojo. ¡Eh!, que me salió una gota de sangre y todo.

Dije: “Esta es la mía, por fin tengo algo con lo que competir en urgencias”. Así que ahí me planté frente a todos con mi ojo morado y mi tarjeta sanitaria.

El caso es que al llegar me dieron el nivel de prioridad cinco, es decir, el más bajo. Pasé tres horas en urgencias viendo pasar a gente contagiosa y sangrante que me miraba por encima del hombre. Así, como hacen los gatos siameses. Parecía que dijeran: “¿Un ojo morado?, ¡mira qué vistoso me queda a mí el cuchillo!”

Total que me fui a casa con un colirio y una desilusión enorme.

Eso sí, para la próxima vez lo tengo claro, a mí nadie me gana. Les dejo, voy a los chinos a comprarme una catana.

 

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1 comentario

Red -

Deseo fervientemente que pierdas siempre esta cometición
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